Pantanos en Louisiana

Naturaleza en equilibrio


Texto y fotos Jean-Paul Krammer
Pantanos en Lousiana

Considerados como uno de los paisajes silvestres más fascinantes y hermosos en la Unión Americana, los wetlands o humedales de Louisiana atesoran en la quietud de sus aguas uno de los ecosistemas más dinámicos y con mayor diversidad en el planeta.

Un laberíntico laboratorio acuático

Impulsada por los 350 caballos de fuerza del motor Yamaha, la embarcación serpentea por el río dejando una estela de blanca espuma que contrasta con la masa turbia del agua. En ambos costados, enormes cipreses -calvos y enanos-, manglares y pinos se levantan mientras sostienen festones de lianas que cuelgan hasta confundirse con las torcidas raíces formando verdaderos jardines colgantes. Es un laberíntico laboratorio acuático en el que complejas interrelaciones naturales permiten que la vegetación recicle sus propios desechos y el agua que drenan sus raíces puede llegar a ser más pura que aquella de la lluvia. “El gran protagonista de estos humedales es el caudaloso Mississippi, que aquí recorre la última parte de su curso antes de desembocar en el Golfo de México.

Pantanos en Lousiana

La travesía inicia cuando las tranquilas y cristalinas aguas de un lago en Minnesota descienden hacia las grandes planicies norteamericanas, donde conforme avanzan, crecen sin pausa alimentadas por afluentes como el Missouri, el Ohio y el Arkansas. En este recorrido, su caudal arrastran sedimentos y minerales que tarde o temprano se incorporan al Mississippi, haciendo olvidar su transparencia original con tonos en ocre y marrón”, me dice el guía que se llama Jerry y presume de haber conducido por estos caprichosos e interminables meandros a equipos de periodistas y camarógrafos de National Geographic, Animal Planet, ABC, NBC y CBS.

Aguas inmóviles

Seguimos avanzando y súbitamente el canal se bifurca, lo que nos obliga a disminuir la velocidad. Optamos por el camino más angosto que es el mismo que se interna en las ciénagas. Más pronto de lo esperado entramos a una verde bóveda bajo la que todo parece inmovilizarse y en la que un silencio salpicado por murmullos juega el papel principal.

Pantanos de Louisiana

Desplazándose a través de las tranquilas aguas del pantano

A pesar de la densidad del follaje, delgados rayos de luz se reflejan en el río que en estos momentos ya está cubierto con una alfombra vegetal que se dispersa mientras el bote la atraviesa y se vuelve a unir tan pronto nos alejamos. “En esta parte es tan plano el lecho del río que las aguas parecen inmóviles. Sin embargo se mueven lentamente a una velocidad de una milla por día”, asegura Jerry mientras apaga el motor no sólo porque tanta potencia se torna inútil en un espacio tan cerrado, sino también porque el tapiz acuático puede arruinar el motor del bote. En este momento el único estímulo que se percibe es el choque del remo con la tersa superficie del agua.

Aligátors y otros animales

Al seguir navegando vemos un objeto oscuro que inmóvil, flota en el agua. No es muy grande y cubierto por las plantas flotantes parece el tronco o la raíz de algún árbol. Al aproximarnos mi mirada se cruza con la de un aligátor que silenciosamente patrulla las quietas aguas del pantano. Jerry comenta que “este es el animal emblemático de los pantanos. Es a los wetlands lo que la piraña al Amazonas o el tiburón al Golfo de México. Estuvo a punto de extinguirse por la destrucción de su hábitat y por la caza desmesurada.

Pantanos de Lousiana

Afortunadamente en estos días se cuenta una población de 30 mil individuos en estado salvaje y más de 200 mil en granjas que los crían por su piel y carne”. A esta bestia que lleva en la tierra más de 200 millones de años, hay que sumarle una gran cantidad de animales que habitan estos humedales y que se han conjurado para formar una fauna, cuya riqueza no está en la abundancia sino en la diversidad, que llega a alcanzar un número que oscila entre las doscientas y las trescientas especies. En unas cuantas decenas de acres podemos encontrar insectos, aves como la garza, el carpintero y el búho, mamíferos como la nutria (originaria de Sudamérica y un verdadero azote de a los pantanos), el venado y el castor, crustáceos como los cangrejos, peces y reptiles entre los que destacan las tortugas, las serpientes (algunas de las cuales son venenosas) y el ya mencionado aligátor.

Los Acadios

Cómo llegar:

La mejor opción para recorrer la zona pantanosa de la Louisiana es por medio de un tour, que bien puede ser arreglado directamente en las conserjerías de los grandes hoteles de Nueva Orleáns o bien visitando alguno de los siguientes sitios web:
www.neworleansonline.com
www.louisianaswamp.com
www.cajunprideswamptours.com
www.honeyislandswamp.com
www.graylineneworleans.com
www.cajunswamptour.com

Dónde hospedarse:

Debido al gran flujo turístico que anualmente visita Nueva Orleáns, la ciudad cuenta con una excelente oferta de hoteles de lujo:

Sheraton New Orleáns
www.starwoodhotels.com

Marriott New Orleáns
www.marriott.com

Hotel Monteleone
www.hotelmonteleone.com

En el camino de regreso, vemos una cabaña de madera que parece fuera de lugar en un entorno donde no se espera encontrar la huella del hombre. Le pregunto a Jerry si pertenece a algún cazador y me responde que “es propiedad de algún descendiente de aquellos colonos franceses que poblaron estos pantanos después de haber sido expulsados -por ser franceses y católicos- de la región conocida como Acadia -inglesa y protestante- en Nueva Escocia y Nueva Brunswick, en Canadá. Los llamaron acadios o cajunes y gracias a que nadie se interesó por estos lugares, hicieron de los pantanos su hogar. Desarrollaron una cultura propia en la que destaca la famosa comida cajun que creó esas especiadas delicias gastronómicas -no confundirla con la cocina creole que es más refinada- como el gumbo, el jambalaya, los cracklins y el boudin.

A modo de despedida, Jerry insiste en que no deje de visitar el Acuario de las Américas en Nueva Orleáns. De vuelta en la ciudad e intrigado por su recomendación me dirijo a este lugar que se levanta en la forma de un moderno edificio cilíndrico forrado de cristal verde ubicado a unos pasos del barrio francés.

Sin duda alguna, los pantanos son el símbolo de un lugar que lentamente ha ido desapareciendo debido a que el hombre en su afán de multiplicar las vías acuáticas del río Mississippi hacia el Golfo de México, ha provocado que las aguas saladas del mar se mezclen con las dulces de los pantanos lo que trae como consecuencia la erosión de la tierra y la consecuente muerte de varias especies vegetales que conforman una barrera natural contra los huracanes. Se calcula que una extensión similar a la que ocupan Nueva York, Chicago, Los Ángeles y Houston ha quedado bajo las aguas del Golfo de México. De no hacerse nada, se cree que una de las regiones ecológicas más sensibles no sólo en los Estados Unidos sino en el mundo entero podría desparecer en los próximos 50 años. Por tal motivo es una buena idea recordar las palabras del naturalista John Muir quien dijo que “cuando tomamos cualquier cosa de la naturaleza, nos damos cuenta que está amarrada al resto del mundo”.

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